Una marca preciosa con un back-office roto es una promesa incumplida.
Tu identidad no acaba en el logo.
Sigue en el checkout que se cae, en el email que no escribió nadie, en el formulario que pide datos que ya tenías, en el CRM donde tu cliente es una fila. Todo eso también es tu marca.
Hacemos las dos mitades. Por eso no se contradicen.